Hoy quiero contar sobre mi primera vez, la primera vez que me atreví a hacer algo diferente y algo que quería experimentar desde hace algún tiempo, había escuchado a mis amigos hablar sobre sus experiencias y bueno, yo no quería quedarme atrás, quería experimentar por cuenta propia si lo que tanto anhelaba desde hace un tiempo atrás era tan bueno como lo imaginaba, quería asegurarme de que no solo en mis pensamientos se dibujaran los sensaciones bonitas y que todo el tiempo que esperé por aquel momento hizo que valiera la pena, quería maravillarme, quería tener algo para contar a mis hijos y a los hijos de mis hijos.

Y es que mi primera vez fue realmente mágica, fue hermoso, jamas pensé que viviría una experiencia así, pero claro, como en toda primera vez siempre hay algo de temor, dolor y nervios; no sabes qué va a pasar después de hacerlo, no estas seguro o segura si después de eso querrás repetirlo una y otra vez, no sabes si todas las demás personas experimentan o experimentaron lo mismo que tú, puede ser que si o puede ser que no, los humanos tenemos distintos puntos de vista y distintos gustos, algunos lo ven como algo seguro y otros solo sienten pánico y desean nunca experimentar la aventura y hay otros que, después de haberlo experimentado, solo desean nunca más tener que volver a repetirlo a menos que sea por obligación.

La primera vez que tuve que viajar por mi cuenta a otro país- de Sudamérica a Norteamérica- fue un 14 de diciembre del 2015, 11 días antes de Navidad y 17 días antes del Año Nuevo, como es normal me llené de muchos sentimientos, pues por un lado estaba dejando a mi familia y no seria solo por unos días; para que se den un poco a la idea de como soy, pues  yo nunca he ido al médico sin un familiar, los viajes al interior del país eran con mis padres y mis hermanas, hasta cuando iba a alguna entrevista de trabajo tenía los mensajes de mi madre preguntándome si ya estoy llegando o cómo me va. Sí, pueden pensar que sufro de “mamitis” o algo así, pero bueno, siento mucha protección con ellos. El número máximo de días que estuve sin mis padres fueron dos y fue porque se decidió hacer un viaje de confraternidad por fin de clases, cerrando una etapa universitaria y para pasarla bien y todo lo que implican esas cosas, en fin; en dicho paseo de dos días, aunque no estaba con mis padres, tenía a mis amigos conmigo y por ahí sentía algo de seguridad y confianza y no tenía una sensación de soledad, me preguntaba qué sería estar tres meses sin mis padres, me preguntaba qué clases de sentimientos experimentaría, me preguntaba cómo sería la gente de allá, me preguntaba si serían amables conmigo y cómo reaccionaría yo dependiendo de las circunstancias; tenía muchos nervios pero a la vez toda la emoción del mundo por ir a otro país, por subir a un AVIÓN!, Sí, me emocionaba el avión y volar en el, quería saber cómo sería por dentro, si es como en las películas, si experimentaría los mareos, si me daría miedo volar (aunque siempre supe que nunca me daría miedo el hecho de volar), nunca antes había subido a un avión, ni siquiera para viajar al interior de mi país, todo era en bus y en viajes que duraban hasta 14 horas, que fue lo máximo que viajé, y debía llevar un plumón para dibujarme nuevamente la raya.

Como puse al inicio, tenia muchos nervios y era por la primera vez del viaje, sin nadie y en avión, tenía también tristeza porque estaría sin mi familia y me hubiera gustado mucho que ellos estuviesen conmigo para que compartan esta experiencia y porque no, para que se relajen y salgan de la rutina del trabajo y del estudio, para que salgan de la rutina del tráfico de la ciudad, del clima, de la gente, de los mismo lugares de siempre, algo que felizmente yo estaba por hacer ni bien pusiera un pie en el avión. Me gustó estar en el aeropuerto con los boletos en la mano y mi pasaporte, me gustó tener que pasar por todos los controles obligados que se hacen cuando se sale de un país, tuve que despedirme de mis padres y vi en sus rostros mucha pena, pero también alegría, pues este viaje era algo que yo deseé y se me estaba cumpliendo; cuando estuve pasando por el túnel hacia el avión no me lo podía creer, pensé que era un sueño muy fuerte y que despertaría sin piernas- como el meme de Oliver Atom-  el asiento que elegí era cerca a la ventana y no fue la mejor elección porque quería ver el paisaje, pero a las 10 pm no se ve nada puesto que está todo oscuro y el viaje duraba entre 5 y 6 horas, lastimosamente no había otro horario para el vuelo, estaba tan alegre que ya quería que enciendan los motores y volemos, quería escuchar el ruido de las turbinas, quería ver a los tripulantes dando las indicaciones,a las azafatas, quería escuchar al capitán, lo quería todo!.

Cuando todo lo que quería sucedió, otra vez no me lo creía y nuevamente me puse triste porque no estaban mis padres, me preguntaba que estarían haciendo, estarían viendo TV, estarían conversando, estarían preguntándose que estaré haciendo, mi mami con lagrimas en los ojos, extrañándome, haciéndose las mismas preguntas que yo sobre la gente que conocería allá y todas las preguntas que los padres preocupados se hacen cuando sus hijos se aventuran en algo nuevo y desconocido. Pensaba en mis hermanas y en lo genial que hubiera sido que estemos disfrutando del vuelo fuera del país. Pero quitando los sentimientos negativos, debo confesar que me encantó volar, me encantó sentirme independiente, me encantó sentirme “libre”, me encantó sentirme fuera de la universidad, me encantó alejarme de los problemas que tenía, me encantó dejar atrás muchas cosas negativas y frustraciones que me agobiaban, me encantó sentirme tan arriba y ver las casas tan chiquititas, me encantó ver las nubes, parecían algodón de azúcar y en esos momentos se me antojaron, me encantó ver el mar, me encantó ver el sol de una manera distinta, lo malo fue que termine con las piernas adoloridas ya que no podía estirarlas bien, pero después de todo, me encantó. Llegar al aeropuerto de Fort Lauderdale y casi 2 horas después ir a Fort Myers para instalarnos en el hotel en el cual residiríamos por los próximos tres meses, fue parte de mi primera vez, una primera vez con nervios, miedo, tristeza, soledad, coraje, alegría, consternación y hasta estupidez y muchas cosas más, pero mi primera vez.

Esto no es todo, puesto que aún hay mucho más, pero creo que por el momento es mejor dejarlo hasta aquí.

Solo puedo decir que me encanta volar y que quiero volver a hacerlo, la sensación de salir de tu zona de confort es lo mejor que puedes experimentar, obligarte a conocer nuevas personas, aprender un nuevo idioma, interactuar con personas de otras culturas y otros países, te ayudan mucho a abrir tu mente y hasta a conocerte a ti mismo, son cosas que te hacen sentir más vivo que nunca, al menos así fue conmigo.

vegas
Las Vegas-Nevada

 

 

Sueña, Vive y se FELIZ

 

 

 

 

 

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